¿Por qué España odia la Ciencia?

Recientemente se han aprobado nuevos recortes en la inversión en I+D. Unidos a los que ya se llevaron a cabo en 2009 y 2010, llevan a la Ciencia en España a una situación insostenible.

¿Es inevitable este odio a la Ciencia?

El éxodo masivo de cerebritos ya se está produciendo. En primer lugar, porque aquí ya no se puede investigar, y en segundo, porque las condiciones fuera de España son (siempre lo hemos sabido) mucho mejores, y se valora más el trabajo del científico. En pocos años este país no podrá considerarse parte del Primer Mundo.

Pero ese tema ya está siendo tratado en los medios, al menos en internet, y destacados científicos están dando su opinión acerca del asunto, así que yo intentaré darle un enfoque distinto al artículo de hoy. Intentaré buscar las causas de este desprecio a la Ciencia que existe en España.
Podría empezar esta historia mucho antes o mucho después, y quizá más cerca o más lejos, pero creo que retroceder unos 900 años y comenzarla en mi amada Granada será suficiente. Podría dar también muchos más ejemplos históricos de rechazo al pensamiento científico, pero con unos pocos saltos temporales será suficiente.

En los días en que el Granada era el único reducto que les quedaba a los musulmanes en España, el tradicional pago de tributos hubo de invertirse, es decir, los reyes de Granada eran los que pagaban a los reinos cristianos a cambio de conservar la paz.
Cuando los emisarios musulmanes cruzaban Castilla, se quedaban asombrados de la pobreza de sus habitantes, y de la precariedad de sus medio de trabajo. Mientras en Granada se utilizaba las acequias y todos los demás artilugios para aprovechar el agua y hacer de la agricultura un arte, en Castilla se seguía roturando la tierra a mano y obteniendo paupérrimas cosechas del secano.

En los últimos días del Reino, contaba apenas con unos 100 000 habitantes, mientras que los cristianos eran más de 5 millones. ¿Por qué no lo conquistaban de un plumazo? Para responder completamente a esta cuestión sería necesario analizar infinidad de causas políticas, sociales, económicas, etcétera.

Pero una de las causas era que en el bando cristiano las medidas y costumbres de higiene eran inexistentes, y la medicina mucho menos avanzada que la medicina árabe, lo que hacía que cuando los cristianos pretendían conquistar una plaza fuerte por asedio, tenían que tener en cuenta que la aglomeración de soldados podía desencadenar fácilmente una plaga, disminuyendo las fuerzas inicialmente superiores del atacante, y obligándole a levantar el sitio.
Hubieron de esperar los cristianos hasta el desarrollo de la artillería, la fuerza bruta, para conquistar las plazas menores que rodeaban a la capital del reino. Artillería para cuyo manejo fue necesario contratar maestros artilleros holandeses, ya que en Castilla no existía ni la tecnología ni el personal formado que hacía falta para manejar los últimos modelos de artillería de la época (¿os suena de algo?).

Siglos más tarde se puso de moda el invertir en las Américas o embarcarse hacia ellas para luego “vivir de las rentas”, lo que hizo que durante el Siglo de Oro el tener un oficio estuviese mal visto en España, y los españoles prefiriesen morir de hambre a ser vistos trabajando. Quizás fuese el precedente del ladrillazo, que promulga las virtudes de invertir para obtener beneficios inmediatos en lugar de trabajar.

Pasada esta época y llegada la Guerra de la Independencia, el pueblo español rechazó unirse al imperio francés, por el que ya había pasado la Ilustración y que derrochaba modernidad (aunque gobernado en dictadura férrea por Napoleón, todo hay que decirlo) y prefirió seguir con el bandolerismo, para más tarde entregar las riendas del Estado a un rey déspota, cobarde y canalla.

Más tarde, a principios del siglo XX, en Cataluña se desarrolló una potente industria armamentística (los problemas de la época están brillantemente retratados en La Verdad sobre el Caso Savolta, de Eduardo Mendoza). El ingenio para desarrollar herramientas de matar siempre ha caracterizado al espíritu español.
Por supuesto, el desarrollo de la industria aquí no sirvió para mejorar las condiciones de vida de los trabajadores, sino sólo para enriquecer a los empresarios, que se lucraban vendiendo armas a los países combatientes de la Primera Guerra Mundial, con la característica falta de escrúpulos del magnate español.
Esta estupenda tradición continúa en la actualidad, con el nombramiento como Ministro de Defensa de un señor que dirigía una empresa dedicada a desarrollar la granada más perfecta y mortífera del mundo: la “Alhambra”.

Durante la Guerra Civil, concretamente el 26 de enero de 1938, tuvo lugar un hecho insólito en España: se vio una aurora boreal, de color rojizo, desde gran parte del territorio español. El diario ABC tenía en esos momentos dos ediciones: el ABC de Madrid, “Diario Republicano de Izquierdas”, y el ABC de Sevilla, controlado por el bando nacional.
Mientras el diario republicano aclaraba que “el fenómeno está relacionado con las grandes manchas que fueron observadas estos días en el sol”, y citaba a investigadores del Observatorio Fabra, la edición nacional decía que “se debió seguramente a un efecto de refracción” causando “sorpresa e inquietud entre los combatientes”.
Es decir, que mientras el diario del gobierno que iba a ser pronto sólo un recuerdo citaba fuentes científicas y explicaba correcta y concisamente el fenómeno, el diario del bando que iba a gobernar España durante cuarenta años decía que seguramente el fenómeno era lo primero que se le ocurrió al periodista o redactor de turno, y se preocupaba más por cómo pudiese afectar eso a sus combatientes que por el origen de tan peculiar acontecimiento.
Ese desprecio de los gobiernos (al menos de los duraderos) de España por la Ciencia, y también por el rigor científico, parece perdurar hasta nuestros días. Los dos principales partidos, de centro y derecha, PSOE y PP, son los que promulgan los recortes. Un verdadero partido de izquierdas (idealizado, no creo que exista un partido así en la realidad, desde luego no en España) debiera apostar siempre por el progreso, y no hay progreso tan puro como el que nos proporciona la Ciencia.

La opinión actual de los españoles acerca de la Ciencia es muy confusa y difícil de entender, y daría para hacer una tesis.

Si discutimos con una persona que tenga un trabajo de baja cualificación (agricultor, albañil, transportista) no negará en principio el valor de la Ciencia, aunque sea sólo por sus aplicaciones en medicina o telefonía móvil, en la “Ciencia que se ve”.
Sin embargo, si entramos en el tema de los salarios, y argumentamos que un científico debiera tener un sueldo mucho mayor que el de un trabajador no cualificado, ¡amigo, tenemos un problema! Argumentará que su trabajo es muy duro, que se levanta a tal o cual hora y etc etc, mientras que el científico está “sentado” y no tiene que hacer esfuerzo físico.
De nada servirá que argumentemos que la formación específica de un científico investigador, tal como están ahora las cosas, dura como mínimo 11 años (2 de bachillerato, 4 de carrera, 1 de máster y 4 de doctorado) antes de empezar a trabajar, y que son años en los que no se cobra o se cobra muy poco. Probablemente responderá que él también ha tenido que formarse, que la formación de un albañil lleva años y que… y de ahí no podremos sacarlo, es decir, reconoce “sí pero no” el valor de la Ciencia.

También conozco casos de padres cultos y formados que no admiten que sus hijos quieran estudiar una carrera de ciencia básica (Física, Química, Biología…), y les presionan para que elijan Derecho o Medicina. ¿Se debe a que no valoran la Ciencia, o a que reconocen que no es el futuro que quieren para sus hijos, que el científico trabaja mucho y no se hace rico?

En cuanto a los empresarios, ven a los científicos como máquinas de hacer dinero, a los que cada vez hay que explotar más y más. No creen que la inversión en investigación merezca la pena, y buscan el hacer dinero fácil, con el ladrillo y la malversación de fondos, que no aportan nada positivo a la sociedad.
Los estudio de Niels Bohr, unos de los padres de la Física Cuántica, en el Instituto de Estudios Avanzados de Copenhague estuvieron patrocinados por la marca de cerveza Carlsberg… ¿se imaginan ustedes a San Miguel patrocinando, por ejemplo, los estudios de Cirac en Computación Cuántica? No, porque esas cosas en España no pasan, y así nos va.

Por otro lado, los ministros que ha tenido España, y muy especialmente los que tiene ahora, tienen estudios de Derecho y Economía. En el gobierno actual sólo tenemos una médico y un ingeniero técnico entre una horda de ministros picapleitos, y la médico no está en Sanidad y el ingeniero no está en Obras Públicas ni Industria. No todos tienen que ser científicos, eso sería absurdo; pero la conveniencia de tener científicos e ingenieros en un gobierno es innegable.
Son personas que no han sido educadas para valorar la Ciencia, y no pueden entender ni sus necesidades ni las ventajas que puede dar a un país. No entienden que en el mundo actual lo que crea verdadera riqueza no es sembrar patatas o poner ladrillos, sino investigar para descubrir nuevos productos, como nuevos fármacos, motores más eficientes o nuevas fuentes de energía, y ser lo bastante avispados para vendérselos a alto precio a los demás países.

El futuro de España está muy claro si continúa por esta senda. Algún día no tendremos más para vender al extranjero que patatas y ladrillos, y los albañiles, agricultores, pescadores y camioneros quizá recuerden tiempos mejores en los que había seguridad social y no se trabajaba setenta horas a la semana. Y quizá deduzcan la causa y echen de menos a la gente que se preocupó de investigar e innovar, aún cuando nunca tuvieron apoyo.


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